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Este alojamiento cuenta una bonita historia. La de un pueblo que quedó despoblado por la construcción del embalse del Grado, y que volvió a la vida para usos turísticos y sociales, recuperando no solo el lugar en el que vivían sus antiguos habitantes, sino también su modo de vida.
Un resort considerado único por su singularidad, en el que pasear por un auténtico pueblo pirenaico vuelto a la vida, bañarse en sus aguas cristalinas, visitar la bodega o disfrutar del paraje salvaje de gran belleza que lo rodea.
¿Es o no es una bonita historia?